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HISTORIA DE JUJUY

Los indígenas antes de la llegada de los españoles

Las fundaciones de Jujuy
Jujuy en el ayer
Jujuy y la revolución de Mayo
Día Grande de Jujuy
Próceres de Jujuy

LUGARES HISTORICOS

 

Las fundaciones de Jujuy

Primera fundación

En el lugar donde actualmente se encuentra el barrio de Ciudad de Nieva, en las planicies altas sobre el Xibi Xibi, el 20 de agosto de 1561, por disposición de Pérez de Zurita, entonces gobernador de Tucumán, y con el ritual de costumbre fue fundada por Gregorio de Castañeda la primera ciudad jujeña, llamada de Nieva, en homenaje al virrey del Perú. En muy precarias condiciones subsistió el escaso poblado hasta 1563, fecha en la cual el cacique Juan Calchaquí y un grupo de indios se rebelaron contra Castañeda, incendiaron y destruyeron la modesta ranchería.

Segunda fundación

El valle de Jujuy era punto estratégico, ya que por allí convergían las rutas procedentes del Perú, y las que se abrían hacia la progresista región del Sur uniéndose al Atlántico. Por ello el 13 de octubre de 1575, don Pedro de Zárate fundó, en la zona llamada Punta de Diamante por la cercana unión de los ríos que franquean la ciudad (el Grande y el Chico), la ciudad de San Francisco en la Nueva Provincia de Álava, donde actualmente se encuentra el cementerio del Salvador. La ciudad alcanzó escasamente un año de vida, ya que también fue destruida por las hordas salvajes.

Tercera fundación

El comercio con el Alto Perú se había resentido y ello hizo que el monarca español ordenara que se repitieran los esfuerzos para hacer una nueva fundación. Es así como Juan Ramirez de Velasco designó al capitán Francisco de Argañarás y Murguía para dicha tarea. El 19 de abril de 1593, en el lugar donde está emplazada actualmente la plaza Belgrano, siendo un lunes de Pascua de Resurrección y bajo la invocación del Salvador, Argañarás dejó establecida la fundación de San Salvador de Velasco en el valle de Jujuy donde quedó definitivamente asentada.

Jujuy en el ayer

Nuestra Patria Chica fue desarrollándose paso a paso a través de los años. Todavía en el siglo XVII algunas tribus plantearon serios problemas pero, poco a poco, la civilización fue ganando las regiones de la Puna, la Quebrada y lo que llamamos Ramal.
En esa época todo el Virreinato se encontraba dividido en intendencias y gobernaciones. Pues bien: Jujuy pertenecía a la Gobernación de Tucumán que comprendía, con sus respectivas jurisdicciones, las ciudades de Jujuy, Salta, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca.
Según las crónicas de la época, en Salta se encontraba la residencia del gobernador; en Córdoba vivía el obispo, estaban las universidades y también las principales congregaciones religiosas; mientras que Jujuy era la Sede de las Cajas Matrices de la Real Hacienda, lo que tenía mucha importancia, ya que significaba la recaudación y control directo del dinero que se percibía por impuestos y otras entradas. Con ello se pagaban los sueldos del gobernador, funcionarios y diversos gastos.
En ese entonces, dentro de la población se distinguían tres grupos:

  • El primer grupo constituido por españoles y criollos poseedores de una buena posición económica.
  • Los blancos y mestizos, que eran empleados, campesinos, soldados y trabajadores manuales.
  • Gente de color, de raza negra, y que eran los servidores en las casas de familias pudientes; los indios protegidos y conchabados; los empleados en las minas o en los cultivos.

Las principales ocupaciones eran la ganadería y la agricultura. Se comerciaban la lana de guanaco y vicuña; se vendía azúcar en Salta, en Tucumán y también se mandaba a Buenos Aires. Otra actividad muy importante era la de los arrieros que transportaban las mercaderías en mulas hacia y desde las demás provincias. También explotaban recursos mineros como los de las minas del cerro Aguilar, Pan de Azúcar, Rinconada y Santa Catalina.
Las milicias de Jujuy guarnecían San Salvador y las fronteras de Ledesma y Santa Bárbara.
Con respecto a la instrucción, en la ciudad tuvieron escuelas los padres franciscanos, donde enseñaban conocimientos primarios y gramática latina. También en la campaña se fundaron escuelas de primeras letras, como en los curatos de Cochinoca y Casabindo. En Santa Catalina, además de la dirigida por el sacerdote, funcionó otra escuela que trabajaba paralelamente a la del párroco.
Hoy todavía encontramos restos de la labor desarrollada en esas épocas en cuanto a la artesanía, construcciones y obras de arte, a lo largo de la Quebrada de Humahuaca y Puna, bajo la imponente custodia de los cerros. Las casas de los pintorescos pueblitos, muchas de ellas centenarias, y especialmente los templos, con su solemne humildad, fueron declarados la mayoría monumentos nacionales por su valor histórico y artístico. Las montañas, los ríos y todo lo que constituye la geografía de la tierra no cambia a pesar de las épocas.

Jujuy y la revolución de Mayo

¡GRANDES NOTICIAS!

Como el eco de una voz profunda e inolvidable, se extendió por el Virreinato el grito de ¡LIBERTAD!
Desde mucho antes de la Revolución de Mayo de 1810, Jujuy demostró sus ideales, ya que al llegar a estas tierras las noticias de la sublevación de Túpac-Amaru, allá en el Perú, se produjo la adhesión de los habitantes de las zonas de Rinconada, Cochinoca, Santa Catalina y Casabindo. Además se sublevaron indios en la zona del Chaco, los que dispuestos a atacar la ciudad fueron contenidos, luego de un encuentro con las milicias del comandante don Gregorio de Zegada el 3 de marzo de 1781, en las serranías de Zapla. Posteriormente a este acontecimiento se sumaron los antecedentes conocidos ocurridos en Europa y las riberas del río de la Plata.

La situación política de Jujuy

 A casi dos años de la Revolución de Mayo, en que la Patria continuaba su lucha por la libertad definitiva, Jujuy entregaba sus mejores hijos participando, así, en las guerras de la Independencia. La poca formación militar del ejército, a la que se sumaba la carencia de elementos necesarios para la lucha frente a las fuerzas realistas perfectamente organizadas, superior en número y con el armamento necesario, llevaron a la consecuencia lógica de las derrotas de Cotagaita, Nazareno y Desaguadero. Poco pudieron hacer los jefes patriotas que sucesivamente asumieron el mando del Ejército del Norte, como Francisco Ortiz de Ocampo, Antonio González Balcarce, Juan José Castelli y Juan Martín de Pueyrredón, quien pidiera ser relevado del cargo por razones de salud. Sólo el triunfo del 7 de noviembre de 1810 en Suipacha, que constituye la primera victoria argentina en la guerra de la independencia, lograda por los gauchos del Norte comandados por Martín Miguel de Güemes con apoyo del capitán porteño Balbastro, eleva y mantiene aún la fe.

Un grato recién llegado

Abril de 1812 pasa derramando el oro de su otoño sobre la tarde. La brisa juguetona susurra el anuncio de nuevos designios para la ya bicentenaria Tacita de Plata.
De pronto, la llegada a la casa Capitular de Jujuy de una carreta llama la atención de los vecinos. Desciende un hombre que viste un gastado frac de color verde, pantalones blancos y altas botas granaderas. Sobre un fino corbatín de encaje se destaca un rostro más bien bello, de tez blanca, ademanes suaves, voz delicada, manos finas y cuidadas. Bajo una ancha frente, sus ojos azules iluminados en una mirada enérgica revelan al poseedor de un espíritu fuerte y templado. Con modales elegantes maneja un pequeño bastón de marfil con empuñadura de oro, pero algo de sus gestos indica la fuerza y firmeza del que sabe usar la espada. Es un abogado porteño, de nombre Manuel Belgrano.

El "Bomberito de la Patria"

Los desmanes en que cayeron las tropas del ejército del Norte, produjeron desconfianza y recelo en la población. No obstante, miraron con esperanza al nuevo jefe del Ejército del Norte, el abogado Belgrano, que en la Posta de Yatasto recibiera el mando de manos de Pueyrredón, el 26 de marzo de 1812.
No bastaba organizar el ejército, era necesario alentar al pueblo, despertar la confianza perdida y renovar la ilusión.
Belgrano, demostrando su fe inquebrantable, sencillez en el trato, una inacabable actitud bienhechora desprovista de egoísmo, logró el apoyo incondicional de la gente de la ciudad y la campaña.
Organizó, con baqueanos del lugar, una "Compañía de guías"; creó el "Cuerpo de Cazadores de Infantería", "Servicio de Intendencia", un "Tribunal Militar", el "Cuerpo de Ingenieros", reorganizó el Parque, la Maestranza y el Servicio de Sanidad.
Montado en su caballo apenas se insinuaba el día, pasaba revista personalmente a todo cuanto se relacionaba al quehacer de la comunidad y la tropa. Sus obligaciones para con Dios no fueron nunca descuidadas y se extendían hasta sus hombres, con el rezo diario del Rosario.
Querido por sus soldados, éstos lo llamaban cariñosamente: "Bomberito de la
Patria". A veces, aludiendo a sus repentinas apariciones y continuas exigencias, le decían: "Chico Majadero".
Cuando las sombras de la noche cubrían el descanso de los pobladores, la luz de su despacho continuaba alumbrando como una estrella más desde lo alto del Cabildo, donde Belgrano, casi hasta la madrugada, trabajaba y meditaba.

Jujuy, abanderado de la Patria

Salvas de artillería, repiques de campanas y un desacostumbrado bullicio asombró a la aurora de aquel 25 de mayo de 1812.
Las viejas arcadas de nuestro Cabildo contemplaron la escena de un día de gloria. Quince cañonazos saludaron a la Bandera que, en brazos del barón de Hoimberg, fue llevada hasta la baranda de sus balcones, donde haciéndola flamear al son de dianas la dejó expuesta a la contemplación de aquella muchedumbre, que veía por primera vez ese retazo de cielo nacido meses antes, en las barrancas del Paraná.
En la plaza colmada por los habitantes se mezclaban edades, razas y clases sociales. Los naturales de las haciendas vecinas, indios de Cuyaya, de La Almona, de Reyes, de Palpalá y de Yala; los niños, los esclavos de las casas señoriales y sus amos, constituían un solo grupo. Eran el corazón de Jujuy saludando a la Patria.
Luego de la Misa solemne y Tedéum, hizo su entrada al templo de la iglesia matriz la Bandera, mientras la pequeña orquesta y coro de Pedro Ferreyra elevaba sus notas. Tomándola por el asta, Belgrano se adelantó al altar, donde en nombre de Dios, Gorriti la bendijo con la señal de la
Cruz. Después, en medio de un profundo silencio de emoción, subió el sacerdote al púlpito y explicó la significación del símbolo que acababan de bendecir. Vítores y aplausos de alegría se escucharon al finalizar la ceremonia y, mientras el barón de Hoimberg la conducía a los balcones del Cabildo, otras quince salvas de cañones marcaron el momento histórico.
Por la tarde, Manuel Belgrano con la enseña en brazos, se dirigió al centro de la plaza donde desde una tribuna dirigió una arenga que luego fue comunicada al Triunvirato.
A todo esto, el prócer desconocía la orden de suprimir la Bandera que creara. Al recibir una severa reconvención, envió un documento aclarando su conducta, pero dejando constancia de la absurda situación de dos ejércitos contrarios que desplegaban igual pabellón.

Día Grande de Jujuy

Casi un centenar de encuentros se libraron en las tierras jujeñas hasta este año, que las páginas del calendario señalan como 1821.
Jujuy se hallaba afectada por problemas internos. Un panorama gris, como el que precede a las tormentas, nublaba el cielo de sus pobladores.
El español insistía en la idea de dominar el Norte. Nuevamente las tropas realistas, aprovechando el clima de conflictos que colocó a la provincia en una aparente situación de debilidad, invadieron la Quebrada de Humahuaca. El brigadier hispano Pedro Antonio de Olañeta los guiaba. La vanguardia de su ejército continuó la marcha bajo las directivas del coronel Guillermo Marquiegui. Llegó a la ciudad donde sólo permaneció tres días, puesto que la abierta hostilidad de sus habitantes los hizo temer ser cercados. Se retiraron entonces hasta las orillas del río Yala, donde acamparon en espera de Olañeta y sus hombres.
Ante esta situación, los patriotas jujeños decidieron por propia iniciativa reunir sus fuerzas, constituidas escasamente por seiscientos hombres. El coronel José Ignacio Gorriti fue designado jefe de la partida.
En la madrugada del 27 de abril cayeron sorpresivamente ante el enemigo. Una hora de encarnizado combate dio como resultado la victoria a nuestros compatriotas.
Olañeta, enterado de este desastre, intentó recuperar lo perdido, pero Gorriti le ordenó retirarse bajo la amenaza formal de fusilar a los jefes y oficiales tomados prisioneros.
Esta acción guerrera mereció el título de "Día Grande de Jujuy", debido a que nuestros hombres, impulsados por el amor a la libertad e independencia, llevaron a cabo una empresa que, por la situación del momento, los colocaba en manifiesta inferioridad de condiciones.

Próceres

Juan Ignacio Gorriti

Juan Ignacio Gorriti nació en San Salvador de Jujuy el 10 de abril de 1767, en el seno de una familia de acomodada posición económica que le permitió adquirir una sólida instrucción y cultura. Completó sus estudios en Córdoba y luego en Chuquisaca, obteniendo los títulos de bachiller licenciado, doctor en cánones y doctor en Teología.
Desempeñó sus funciones sacerdotales en nuestra ciudad. Alto, grueso, mostraba una figura imponente, rodeada de un aire de majestad y grandeza que atraía con simpatía y veneración.
Fue miembro de la Junta Grande en representación de Jujuy; consejero del gobierno de Jujuy; vicario castrense del Ejército auxiliar que operaba en el Alto Perú; miembro de la legislatura de Salta; diputado al Congreso General Constituyente de 1824; gobernador de Salta en 1829. En 1831 emigró voluntariamente a Bolivia.
Murió en Chuquisaca el 25 de mayo de 1842.
Fue un ferviente defensor del federalismo, ya que era partidario de que las provincias pudiesen elegir sus propios gobiernos aunque formando todas una gran Nación.

Teodoro Sánchez de Bustamante

Ante la azul ensoñación de los cerros, que poco a poco se disolvían en las cada vez más extensas esmeraldas de las llanuras, avanzaba presurosa una diligencia, medio común para el transporte de pasajeros de esa época.
Promediaba ya el año 1816. Ese galopar de caballos que retumbaba sobre la tierra, como el redoble de los tambores que anuncian el momento culminante de un hecho, transportaban al ilustre jujeño doctor Teodoro Sánchez de Bustamante desde Jujuy hacia San Miguel de Tucumán. A través de su voz y de su accionar, expresaría todo el anhelo de un pueblo, su ideal y su posición ante el resto del país que, en las figuras de sus representantes, se reuniría en aquel Congreso de Tucumán, ciudad elegida como sede por razones políticas y geográficas.
El 9 de noviembre de 1815 el Cabildo abierto de la provincia lo había elegido como diputado. Entre su equipaje llevaba las instrucciones escritas a las que debía ajustar su conducta. Leídas ya mil veces, ocupaban todos sus pensamientos. Los puntos principales especificaban:

  • Promover la sanción solemne de la independencia del Estado ante la corona de España.
  •  Propender a la consolidación del gobierno general, bajo la unión sólida del territorio.
  • Reafirmar la aspiración de autonomía que Jujuy había expresado desde 1810. Y en ese selecto grupo que reunió a las personas más ilustradas de la época, Sánchez de Bustamante tuvo una actuación meritoria y descollante.

Biografía

Nació en San Salvador de Jujuy el 9 de noviembre de 1778; sus padres fueron Manuel Bustamante y Tomasa Arauje, ambos vecinos de Jujuy.
Realizó sus primeros estudios en el Real Colegio de San Carlos, en Buenos Aires. En Chuquisaca se graduó de doctor en Teología en 1798, y en 1801 obtuvo el título de bachiller en Sagrados Cánones y Leyes Civiles.
Desempeñó destacados cargos, tales como asesor del Cabildo de Charcas, relator de la Real Audiencia y presidente de la Real Academia Carolina; capitán de la Compañía de Practicantes en Chuquisaca, fiscal de la Audiencia de Buenos Aires; fiscal de la Audiencia en lo Civil y Comercial de Jujuy; auditor y secretario de Guerra; diputado por Jujuy en el Congreso de Tucumán y secretario de Gobierno. Radicado en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), falleció el 11 de mayo de 1851. Sus restos fueron repatriados a Jujuy y descansan en un nicho especial, a la entrada de la Iglesia Catedral.

19 de Abril

Fundación de Jujuy

Esta tarde he estado largo rato en el balcón de mi casa, sobre la plaza jujeña evocando, en el silente crepúsculo, aquel 19 de abril de 1593, cuando don Francisco Argañarás y Murguía fundó la ciudad de San Salvador de Velasco, en el valle de Xuxuy.¡Qué espléndido debió ser este sitio en su salvaje doncellez! Con la quietud de ensueño del Chañi que lo ampara y le prolonga el crepúsculo; con el agrio escalamiento de los contrafuertes más bajos, llenos de hontanares y velludos de ceriles y alisos; con las lomas cercanas, de curvas ariscas y mesadas graminosas; con las cuchillas de la banda del Río de los Humahuacas, contorsionadas y recias; con el Zapala del otro lado, curvo y tranquilo; con el Río Grande que pasa murmurando extrañas melopeas, para recibir -allí en Punta Diamante-, el canto cristalino del Xibi-Xibi, y luego con la pradera lisa, verde y suave, tendida, en su alto escalón, entre los dos ríos, acojinada hacia el oeste por la primera mesada, que, a su vez, se respalda en el otro almohadón donde estarían las derruidas rancherías de Nieva -con este marco de encantamiento paradisíaco, Argañarás y Murguía debió sentirse lleno de gozo y seguro de que echaba los cimientos de una gran ciudad, tal cual quería el gobernador Ramírez de Velasco.Resuelto el emplazamiento se improvisó aquí mismo, diría al lado de la estatua que la veneración y gratitud jujeñas han erigido a Belgrano, una ramada y se cavó el hoyo para la picota, para el árbol de la justicia. Estos preparativos se hicieron el 17 de Abril, día en que el fundador tomó juramento al Escribano que iba a actuar en el acto solemne de la fundación y que era Don Rodrigo Pereyra. Y amaneció el día 19 de abril de 1593, segundo domingo de Pascua. De ahí el nombre San Salvador, en homenaje a la gloria del Nazareno.Los cuarenta soldados de la fundación formaron en torno a su egregio Capitán. El fundador desnudó su espada, dió en el aire tajos y reveces, arrancó hierbas y tiró piedras y en nombre del Rey tomó posesión de la tierra, que era "fértil y abundosa" -como rezan los viejos papeles- y mandó erguir el rollo, mientras el Capellán hacia la señal de la cruz sobre el valle y sobre lo que iba a ser luego la ciudad martir y gloriosa. Estallaron los arcabuces, reventaron petardos, se agitó el estandarte de Felipe el Grande y la multitud prorrumpió en voces de triunfo y en expansiones de alegría.Jujuy se había fundado.

LUGAR HISTORICO  POSTA DE YATASTO

 

POSTA DE YATASTO